En nuestros días se cree que los líderes son aquellas personas
superdotadas, aquellas personas con carisma, influyentes, con una gran oratoria,
que lo han conseguido todo en la vida, aquellos exitosos, que despiertan admiración
en los demás.
Si bien es cierto algunos líderes pueden tener alguna de estas características
o todas, ¿significa acaso que el conjunto de esas características
definen en realidad quién es un líder y quién no?
También se habla mucho de la existencia de un líder positivo
y de un líder negativo y la bibliografía contemporánea
confirma esto. ¿Pero acaso es verdad que existe un líder negativo
y otro positivo?
La pregunta entonces sería:
¿Quién es el líder?
Remontándonos a las enciclopedias encontramos las siguientes definiciones:
Líder = Guía
Guía = Persona que enseña y
dirige a otra.
Guía = Persona que acompaña y enseña a otra el camino.
Dirigir = Enderezar, llevar rectamente una cosa hacia el término.
Aconsejar y mostrar, enseñar o indicar el camino.
Guiar, encaminar, gobernar, regir.
Enseñar = Dar ejemplo
Ejemplo = Se refiere a algo para que se imite, si es bueno, o se evite
si es malo.
Gracias a estas definiciones y a la antropología podemos entonces definir
que el líder es aquella persona humana que conduce a los demás
por el camino del bien y hacia el bien.
Aquel que “conduce” a los demás por el camino del mal, en
el fondo no conduce, desvía; no lleva por ningún camino, porque
el mal no tiene sentido.
El líder siempre busca el bien de los demás y el de sí
mismo, siempre busca conseguir ese bien con medios buenos.
De esta manera rechazamos categóricamente la existencia de un líder
positivo y otro negativo, el líder siempre es bueno. Y entonces ¿quién
es aquel que influye en los demás y los desvía del camino?; Ése
es un manipulador, no un líder.
El líder se realiza a plenitud cuando su dirección parte de un
corazón reconciliado consigo mismo y con los demás, de un corazón
ardiente que busca dirigir porque en el fondo quiere amar, al punto de dar la
vida por los demás.
El liderazgo es en el fondo una vocación de servicio, y para servir
mejor hay que empezar por ser dueños de nosotros mismos, para que siendo
más nosotros mismos podamos darnos íntegramente a los demás.
Si esto no ocurriera en el fondo ese querer ser líderes sería
una inconsciente pretensión de llenar los vacíos de nuestro corazón
con el título del líder, para de esta manera sentirnos importantes
ante los ojos de los demás porque en el fondo no nos sentimos valiosos
e importantes y esto se da porque no sabemos quiénes somos.
Y ese “bien” que se hiciera no tendría sentido porque nacería
de una vana pretensión, no de la conciencia de los problemas en el mundo
y en las personas. En el fondo nacería del egoísmo bajo la forma
de vanidad.
¿De qué sirve ganar el mundo si me pierdo a mí mismo?
El liderazgo entonces parte de reconocer quiénes somos, hay que empezar
por liderar, conducir y guiar nuestras propias vidas. Quien no es líder
de sí mismo no lo es de nadie. El líder tiene que tener claridad
en su visión, fortaleza y amor en su conducción.
¿Todos pueden ser líderes?
Hay 2 ideas en constante debate:
- El líder nace.
- El líder se hace.
Sostengo que ambas tienen un fragmento de la verdad.
El líder nace por cuanto no todos estamos hechos para lo mismo en la
vida, unos tienen vocación para ser profesores y otros la tendrán
para ser administradores, etc.
El líder se hace por cuanto el ejercicio del liderazgo es un ejercicio
de la virtud, y toda virtud para conseguirla amerita trabajo, las cosas no caen
del cielo, hay que esforzarse por ellas.
Ahora bien sostengo que todos pueden ser líderes, porque todos pueden
guiar a los demás en determinado momento de sus vidas.
También habría que decir que no todos van a ser líderes
en cada circunstancia y en todo momento, depende de cómo es cada uno.
Es más, todos somos seguidores en muchos momentos de nuestras vidas y
eso implica también el buscar el camino del bien.
Finalizando sólo quiero pedirles que no se prostituya la palabra líder,
porque se la desnaturaliza. Se cree que el borracho de la clase, el fumón
y quienes generan desorden son líderes, se cree que quien se acuesta
con una y con otra son ejemplos a seguir, se cree que Hitler fue un líder,
y tantas mentiras que nos hacemos para no enfrentarnos a la verdad de las cosas
y de nosotros mismos. Porque preferimos lo fácil, lo que no cuesta, lo
que no demanda sacrificio, lo que tampoco genera sentido, lo efímero,
lo que no perdura, buscamos “líderes” de barro que nos motiven
a seguir ensuciando nuestra infinita dignidad y de esta manera seguimos ahondando
la llorosa mirada que acompaña nuestra sonrisa, poniéndole más
cemento a nuestros corazones, seguimos siendo asesinos de nuestro propio hogar:
el mundo.
Gonzalo Indacochea Rodrigo
Alumno de la Universidad Católica San Pablo (Arequipa)